viernes, 12 de agosto de 2011

La niña pelirroja con mirada de mujer

Toledo, 31-12-1998


Una chica lloraba al pie de una antigua sinagoga convertida en iglesia ahora llamada “sinagoga de Sta. María la blanca”. Era de noche y hacía frío, faltaban dos horas para las campanadas de fin de año.
Un anciano paseaba por la Calle de los Reyes Católicos, hacia el barrio judío. Se le notaba melancólico, en su mirada se veía la chispa de un recuerdo guardado como un tesoro tal vez durante años. ¿Un amor perdido tal vez? ¿Una muerte sobre su espalda? O, tal vez, ¿le pesaban tantos años de vida, y lo que había visto en ellos?
-¿Qué hace usted en la calle tan tarde señor Marcelo?- Le preguntó la chica entre sollozos.
-¿Ya he llegado aquí? Que rápido paseo…- Dijo más para sí que hacia la niña.- Y, ¿Qué hace llorando usted, muchacha?
-No es nada, solo necesito distraerme un poco… Le acompañaré a casa.
-No, señorita, estoy rindiendo un homenaje- ella lo miro extrañada y asombrada.
-Un... ¿homenaje?
-Sí, eso he dicho, a veces, debemos rendir homenajes a las personas que han intervenido, para bien o para mal, en nuestras vidas.
-Pues su homenaje le va a costar una pulmonía… ¿Como se supone que lo esta haciendo? – El anciano la miró divertido- el homenaje ese, digo.
-Cada uno rinde los homenajes de una manera, y esa manera es un secreto… Pero podría contarte lo que sucedió…
Al ver que ella le miraba no muy convencida el señor continuó su camino.
-Pero, ¿A dónde va?
- Mmm… He supuesto que no te interesaría oír la historia de cómo una niña pelirroja con mirada de mujer, se llevó lo que más amaba, me ganó en mi propio terreno y me enseñó lo que significa querer a alguien de corazón…








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